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“David contra Goliat”: El consumo colaborativo contra el hiperconsumo

Hoy en día, en menos de nueve meses consumimos más recursos de los que el planeta produce en un año, y la tasa de consumo sigue subiendo. En la lucha contra el hiperconsumo, el consumo colaborativo es una herramienta poderosa para movilizar a los ciudadanos. Cada día, en cada parte del Mundo, las personas tomamos pequeñas decisiones o realizamos pequeñas acciones que, en su conjunto, tienen un inmenso impacto en los recursos mundiales.

Día mundial del consumidor para repensar patrones

En 2050, se estima que el Mundo alcance los 9600 millones de personas, lo que significa que el hiperconsumo al que nos hemos acostumbrado va a dejar de ser posible. En el día mundial del consumidor, es urgente repensar nuestros patrones de consumo para conservar nuestro planeta y permitir una vida digna y de calidad en un futuro no demasiado lejano.

A nivel institucional se está trabajando el consumo sostenible a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, las Directrices de la Comisión Europea y la regulación nacional.

Pero… ¿qué pasa a nivel individual? Los ciudadanos estamos sometidos a una tensión implacable por parte de las empresas para consumir más. Cuarenta años de publicidad consumista han hecho estragos en nuestros valores como sociedad. Aunque las ONG y las instituciones nos den datos objetivos de la necesidad de cambiar esta tendencia, no están luchando con las mismas armas que la industria, porque la razón no siempre puede a la emoción.

La teoría económica asume que los individuos van a realizar opciones de compra racionales y a maximizar su beneficio, incluido el beneficio social y medioambiental siempre que lo conozcan. En esto se basa el derecho a la información. Sin embargo, los argumentos racionales no siempre movilizan el cambio de comportamiento del consumidor.

Y, de pronto, irrumpe el consumo colaborativo con su pátina de consumo inteligente, social, solidario, comunitario, cómodo, sencillo, económico y sostenible. Un mensaje precioso que ha calado en la gente y nos ha dado una ilusión de “poder de la comunidad”. Un mensaje del que inteligentemente se han apropiado algunas grandes corporaciones, descalificando sin pretenderlo al movimiento en su conjunto y “comercializando” su genuino atractivo.

El consumo colaborativo puede ser parte de la solución en la lucha contra el hiperconsumo

Sin embargo, una vez que ha caído el mito, hay que reconocer que el consumo colaborativo puede ser parte de la solución en la lucha contra el hiperconsumo. Entra de lleno en la filosofía de la economía circular y consigue que los ciudadanos se sumen a la ola de reutilización de los productos de una forma natural, superando las mejores expectativas de los expertos y sin grandes campañas de “educación al consumidor”. No es la solución perfecta, ya que no elimina el consumismo, pero si permite un giro hacia estilos de vida más sostenibles. Sobre todo consigue que opciones diferentes a la compra, formen parte de nuestra cultura:

  • La posibilidad de poder compartir un producto en vez de comprarlo es muy potente desde la óptica de reducción de materias primas y del cambio climático. Se estima que para producir un coche de tamaño medio se emiten 17 toneladas de CO2, por lo que compartirlo a través de una plataforma es una forma muy fácil de reducir el consumo de recursos naturales.
  • El auge de la segunda mano es una oportunidad sencilla de reutilizar nuestros “residuos” y darles una segunda vida. El incentivo de ganar un dinerillo consigue vencer nuestra pereza natural a vaciar el trastero, y el impacto en la sostenibilidad es importante. Para fabricar un pantalón vaquero hacen falta 3000 litros de agua y para fabricar un teléfono móvil hay que extraer minerales raros como el coltán, tantalio, litio o tungsteno, a menudo procedentes de zonas de conflicto en las que la población es víctima de este comercio.
  • Las donaciones de ropa, juguetes, libros, etc., han encontrado en internet un canal de expandirse allá donde no siempre llegan las ONG como Cáritas, que a pesar de hacer un trabajo imprescindible, tienen una capacidad limitada de actuación.
  • Los grupos de consumo de alimentos nos permiten hacer nuestras compras a proveedores locales y sostenibles, y además hacen presión para que los operadores convencionales se esfuercen por ofrecer opciones más responsables.
  • Las cooperativas de energía renovable son el verdadero paradigma de éxito de un pequeño actor que seduce a miles de personas desencantadas con las grandes corporaciones eléctricas. ¡Y solo acaban de empezar!

En la lucha contra el hiperconsumo promovido desde las corporaciones, el consumo colaborativo es una herramienta poderosa para movilizar a los agentes del cambio individual, los ciudadanos.

Si se consigue trasladar el atractivo y la conveniencia del consumo colaborativo a sus variantes más sostenibles, procomún y cooperativas, puede ser un rayo de esperanza para el consumo sostenible del futuro.

Artículo Escrito por Amaya Apesteguía

Especialista en consumo ético y colaborativo en la OCU.