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¿Cómo tender puentes entre la economía colaborativa y la discapacidad?

Por su carácter disruptivo y su propia definición, la economía colaborativa está llamada a ser también más inclusiva que las propuestas económicas tradicionales. Sin embargo, no se trata solo de garantizar la participación de determinados sectores de la población en la economía colaborativa, sino de lo que esta puede aprender de ellos, de sus valores y sus prácticas.

El año pasado tuve la suerte de asistir a OuiShare Fest Barcelona 2015. Allí conocí un gran número de personas, ideas, actividades, proyectos y empresas totalmente dedicadas a trabajar y hacer por, con y para las personas a un nivel más humano que corporativo. Cada propuesta tenía su su particular misión orientada hacia un mundo mejor.

Un tiempo después, y a raíz de mi intervención en una de las mesas redondas del encuentro, recibí la invitación de escribir un artículo que explorase la relación entre economía colaborativa y discapacidad (que, por lo que me cuentan, ahora se llama diversidad funcional). Lo que a priori parecía una tarea fácil, me hizo pensar y entonces me percaté de que no sabría responder a esa pregunta si me centraba en analizar cómo la primera (la economía colaborativa) influía en la segunda (el mundo de la diversidad funcional). Corría el riesgo de redactar esencialmente un listado de proyectos y enlaces de empresas sociales, y no quería cometer el error de dejarme muchos más fuera que dentro por falta de espacio. Por el contrario, comprendí que esa relación debería abordarse a la inversa: ¿qué tiene la diversidad funcional que aportar a la economía colaborativa?

La economía de la ayuda mutua

Sinceramente, ni he sido experto en el tema, ni he buscado serlo, y aún no sabría definir perfectamente qué es economía colaborativa. Quizá sea un término que a veces intenta abarcar más de lo que pueda describir (incluso hay quienes dicen que ya no vale, o tal vez sí). No lo sé. Sea una idea, un servicio, una empresa social, una comunidad, o una app para el móvil, la economía colaborativa implica un cambio o transformación de valores que se basa en la horizontalidad y la igualdad.

Estas nuevas formas de operar y funcionar para un mundo mejor no funcionarán si no contemplan a todas y cada una de las personas.

Durante el siglo XX en occidente, nos hemos distanciado de quienes tenemos al lado, de aquellos con quienes hacemos el entorno social que nos sostiene. Y ahora, después de la irrupción de Internet y de conectarnos y reconectarnos, empezamos a descubrir el P2P, el B2B, el Blockchain y diversos modelos que cambian de lo central y acumulativo (egoísta) a lo descentralizado y cooperativo (altruista). La educación que esa susodicha cultura nos había dado resulta de poca o ninguna ayuda para entender y operar con éxito en los términos socioeconómicos contemporáneos. Y de ahí vienen los conflictos.

Nací con una malformación en los brazos que se me ve desde lejos, y ni yo ni las personas que han interactuado alguna vez conmigo hemos podido escapar de ese hecho; quienes no me conocían previamente han sabido esa parte de mí antes que mi nombre (aunque en general no ha supuesto un problema). A veces, en un encuentro breve y casual al ir a comprar algo, subir a un bus, pasar un control en un aeropuerto y tener que pasar bultos por los rayos X, alguien que no me conoce me ve y con discreción me dice: “¿Te puedo ayudar?”. Es algo universal como la música. Da igual su nivel de educación, su procedencia, expediente académico o poder adquisitivo: cada persona tiene un impulso de ofrecer ayuda a su manera, algo que es natural en el ser humano y que beneficia tanto a la parte que recibe como a la que da.

Cuento esto porque algunas de esas personas están en mi vida desde hace años y he visto cómo después de conocerme y haber vivido una situación como la que describo empezaron a apreciar el detalle de tener dos manos funcionales con 5 dedos; un sencillo detalle en el que no habían reparado antes. Aquello les hizo aprender a apreciar las pequeñas bendiciones en las que no se repara a diario y, con los años, he visto en esas personas una transformación a mejor, al aprender a ser humilde y vivir agradecidamente, sin que yo hiciera nada.

Paralelismos

Teniendo en cuenta todo esto, veo ciertas semejanzas entre aquello etiquetado como economía colaborativa y diversidad funcional:

  • Buscan la inclusión de cualquier persona en actividades socioeconómicas.
  • Encuentran maneras exitosas de funcionar alternativas a las establecidas.
  • Consiguen hacer más o lo mismo con menos recursos.
  • Las Tecnologías de la Información y la Comunicación libres y abiertas son sus grandes aliadas para desarrollarse.

Pero, sin duda, donde encuentro la mayor conexión es en el hecho de que, en ese mundo de la economía colaborativa, hay personas e ideas que ayudan a transformar y mejorar, y es ese impulso universal que tenemos, ese que nace desde el querer ayudar, lo que les lleva a hacerlo. Que el fundamento de sus valores motivadores sea inclusivo abre una plétora de nuevas oportunidades y mercados para las personas con diversidad funcional.

Además, la clave de las nuevas formas de funcionar que traen las actividades relacionadas con el mundo de la economía colaborativa reside en el respeto mutuo, la cooperación, la inclusión, y una gran capacidad de adaptación y evolución. Quienes busquen aplicar esos principios en su vida y trabajo, encontrarán aliados y mentores con quienes desarrollarse y crecer en muchísimas personas con diversidad funcional.

Trabajando juntos

Veo una relación que puede ir tomando forma entre diversidad funcional y economía colaborativa, y que bien puede ser de retroalimentación.

No debemos olvidarnos de nadie puesto que sólo contando con todas las personas podremos arreglar los problemas de este mundo.

Si algo os hemos enseñado las personas con diversidad funcional, o como se diga (a mí con que me llamen por mi nombre es suficiente), es que las cosas siempre se pueden hacer de otra forma, y que, para vivir feliz, no hace falta mucho. Si desde las empresas, startups, unicornios, modelos de negocio o lo que sea la llamada economía colaborativa se buscan nuevas formas de hacer, en estas personas tenéis cantera ya que son expertas en desarrollar el pensamiento divergente y la creatividad, que son la clave para encontrar soluciones.

De hecho, la otra parte, estas nuevas formas de operar y funcionar para un mundo mejor no funcionarán si no contemplan a todas y cada una de las personas, sin excepciones -y ahí, por cierto, hay todavía mucho trabajo por hacer y en pos de la accesibilidad de contenidos y actividades. No debemos olvidarnos de nadie puesto que sólo contando con todas las personas podremos arreglar los problemas de este mundo, que a eso hemos venido y buena falta nos hace.

Por eso, ahora que me leéis y estáis con vida, si conocéis la economía colaborativa —o como quiera llamarse— o a una persona con diversidad funcional, os invito a que os toméis un rato para charlar, preguntar y escuchar. Descubriréis cosas que hasta ahora ni imaginabais 😉


Íñigo García participó en la mesa redonda La Tecnología y la Colaboración al Servicio de la Inclusión en OuiShare Fest Barcelona 2015. El vídeo completo está disponible a continuación. El debate continúa los próximos 26-27 de octubre en OuiShare Fest Barcelona 2016.

Artículo escrito por Íñigo García

Iñigo GarciaIñigo es diseñador y especialista en nuevas tecnologías. Actualmente, trabaja en diversos proyectos.
Previamente, trabajó en diversas áreas del Diseño Gráfico, Web y 3D, tanto en España como en Inglaterra y Alemania; también en investigación científica y como actor de voz.