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Claves para diseñar redes y comunidades colaborativas (1)

Este es el primero de una serie de artículos en los que reflexionaré sobre elementos comunes y relevantes de las comunidades o redes, partiendo de las experiencias en las que participo o he participado en los últimos 8 años de mi vida, así como otras con las que estamos interactuando desde OuiShare.

El mayor anhelo del ser humano es la libertad, y su historia está marcada por la lucha por esta libertad. En pleno siglo XXI, seguimos luchando por ella: por la libertad de ser nosotros mismos, de ser lo que cada uno queremos ser, o, mejor dicho, por la libertad de elegir la vida que queremos vivir. El derecho y la libertad de buscar la esencia de lo que somos, de desarrollar un talento, en base a unos deseos e intereses que nos hacen únicos.

Como seres sociales que somos, para ejercer esta libertad nos relacionamos con otros. Funcionamos en estructuras y sistemas donde nos regimos por unas normas básicas, unas reglas del juego aceptadas por todos y necesarias para la convivencia.

Estas estructuras, como por ejemplo las escuelas, las empresas, los estados o las ciudades, no se diseñaron para facilitar la libertad de ser uno mismo, sino para ampliarse o crecer. Como consecuencia, dentro de ellas ha predominado el control, generando jerarquías que se expresan en estructuras verticales donde se penaliza lo diferente, la iniciativa propia, la autonomía o incluso la colaboración, mediante la exaltación de la competición.

Las estructuras basadas en el control dieron como resultados estructuras jerárquicas.


Las estructuras del presente futuro, redes o comunidades, se basan en compartir y dan como resultado estructuras colaborativas ya que se adaptan mejor al talento y los principios de las personas del siglo XXI.

Sistemas colaborativos

Comunidad. Bajo licencia Creative Commons -CC0.

Comunidad es una palabra que está de moda. Mas, cuando la etiqueta comunidad se utiliza para tantas cosas -por eso lo de que está de moda-, se vuelve tentador hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué es realmente una comunidad?, ¿Es lo mismo una comunidad que una red?

Las comunidades están principalmente basadas en los afectos y en los valores, se dan naturalmente en escalas pequeñas y de proximidad, y el modelo de gobernanza predominante es el democrático.


Las redes están basadas en la eficiencia y el alcance, permiten grandes escalas gracias a la tecnología, y el modelo de gobernanza más habitual dentro de ellas es el meritocrático.

A pesar de esta sencilla diferenciación, no siempre es fácil distinguir entre comunidad y red; menos aún, cuando las estructuras se prueban cada vez más dinámicas e híbridas -por ejemplo, en OuiShare decimos que somos una red global de comunidades locales. Y, mientras, en esta sociedad líquida (Zygmunt Bauman, 2008) en la que vivimos, la tarea de etiquetar se antoja más y más compleja e incluso, en ocasiones, inútil.

Superado el trauma de si son “galgos o podencos”, de encontrar las diferencias entre redes y comunidades, prefiero centrarme en sus puntos de unión, reflexionar sobre elementos relevantes o, mejor dicho, aprendizajes y claves importantes a la hora de diseñar y gestionar una red o comunidad.

¿Cómo se diseña y se gestiona un sistema colaborativo?

Llamaremos sistemas colaborativos (tanto en red como en comunidad) a la suma de:

  • La estructura colaborativa (el “contenedor”, el “andamio”, más las “reglas del juego”); y
  • El modelo colaborativo (la gestión de las relaciones, la gobernanza del sistema)

Así, a lo largo de este y mi próximo artículo, nos detendremos en diferentes aspectos fundamentales de los sistemas colaborativos. En concreto, nos centraremos en los recursos y el sistema de contribución-retribución (dentro de la estructura colaborativa) y en la cultura y la gobernanza (integradas dentro del modelo colaborativo). Evidentemente, hay más aspectos tanto de estructura como de modelo, pero estos 4 son una buena base para empezar. 

(1) Los recursos: ¿Qué es lo que tenemos y qué necesitamos?

Una de las definiciones más aceptadas de comunidad o red es aquella que habla de un grupo de personas que comparten un recurso común o varios. Pero ¿qué entendemos por recurso?

Los recursos pueden ser tangibles (una herramienta tecnológica, dinero, un espacio físico o bienes materiales en general,…) o intangibles (el conocimiento, la cultura, los afectos,…). Los recursos también pueden ser privados, comunes, públicos; abiertos o cerrados. De esta combinación de recursos, y de la capacidad para reinventarlos y combinarlos, dependerá la estructura de la red así como sus posibilidades para crecer, como bien explica el modelo Pentagrowth.

Colaboración comunidad

Collaboration. Urs Steiner. Bajo licencia Creative Commons – CC BY

En definitiva, podríamos decir que entra en la categoría de los recursos todo aquello de lo que disponemos para intentar alcanzar nuestro propósito y objetivos.

Algo tan sencillo e inocente como el compartir recursos explica una de las ventajas más destacadas de los sistemas colaborativos:

  • Compartir recursos acaba desembocando en un mayor uso del recurso;
  • Compartir recursos significa también una diversidad de usos, descubre nuevos usos y apunta potenciales aplicaciones.

Es decir, compartir recursos, mejora el rendimiento de los mismos.

Una de las famosas ventajas que se les atribuye a las redes y comunidades, la de ‘hacer más con menos’, tiene mucho que ver con el uso compartido y la recombinación de los recursos.

Identificar estos recursos, los que hay y los que se necesitan, gestionar bien tanto su creación y combinación, como su uso y cuidado colectivo, es uno de los grandes retos en la creación y gestión de un sistema colaborativo. 

(2) Los sistemas de contribución-retribución: ¿Por qué participa la gente?

Lo que hace que las personas participen en una red, interactuando entre ellas -y esta es la madre del cordero, porque si no hay participación/interacción, la red es una estructura muerta – son los sistemas de contribución-retribución. Llamamos contribución a las aportaciones al sistema colaborativo de sus miembros. Estas pueden venir en forma de conocimiento, contactos o, por ejemplo, recursos, y de ellas depende la supervivencia, cuidado y crecimiento de la red. Por su parte, las retribuciones con aquello que reciben los miembros por realizar sus contribuciones al sistema.

Retribución

Bajo licencia Creative Commons – CC0

Las motivaciones intrínsecas y extrínsecas, cultivar la confianza y los sistemas de reputación (sobre todo, en las redes meritocráticas) son aspectos íntimamente ligados a los sistemas de contribución-retribución y son fundamentales a la hora de pensar en diseñar un sistema colaborativo.

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Hasta aquí, dos de los elementos que tienen que ver con la estructura colaborativa y que nos permiten aprender a diseñar una red o comunidad colaborativa. Con ellos, finalizamos el primer artículo de esta serie. Espero que os haya resultado interesante. En el siguiente capítulo, hablaremos de la importancia la cultura colaborativa y de los modelos de gobernanza. No os lo perdáis.

Muchas gracias a Ana Manzanedo y Miriam Moreno, por su ayuda e inspiración en este análisis.

Foto portada: Personas en Red, por ColaboraBora. Bajo licencia CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons