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Barcelona, ¿ciudad colaborativa?

Ciertamente, una ciudad por definición es colaborativa. Sólo mediante la colaboración se ha forjado lo que actualmente entendemos por ciudad. Y sólo mediante la colaboración entre los ciudadanos se puede seguir avanzando en los ideales ciudadanos. Sin embargo, la pregunta se refiere a si podemos considerar Barcelona como una urbe de referencia de la economía colaborativa.

La economía colaborativa se define como el conjunto de prácticas y modelos de negocio basados en redes horizontales y la participación de una comunidad, transformando la forma en que vivimos, trabajamos y creamos. Esta economía se basa en el poder y la confianza distribuída dentro de las comunidades frente a las instituciones centralizadas, superando los límites entre el productor y el consumidor. Dichas comunidades se encuentran e interactúan en redes en línea y plataformas peer-to-peer, así como en los espacios compartidos, como FabLabs y coworkings. Todo ello con un protagonismo fundamental de la tecnología digital.

Si repasamos la vinculación de la economía colaborativa en la dinámica urbana de la ciudad de Barcelona en los últimos años, constataremos varios hechos destacables en distintos sectores de actividad. He aquí algunos casos que podemos citar a modo de ejemplo que pudimos exponer en el Social Media Week celebrado en la capital catalana:

En el ámbito de la movilidad podemos referirnos al caso del Bicing, recientemente considerado por el Transportations and Development Policy (ITDP) como el mejor programa de bicicleta compartida del mundo. En el ámbito del turismo y los social travellers podemos destacar el éxito del alojamiento compartido en la ciudad ya que, de acuerdo con Jeroen Merchiers, Director General de Airbnb en España y Portugal, Barcelona es ya la cuarta ciudad en compartir alojamientos después de Nueva York, París y Londres. Buen ejemplo de ello es la aparición de Knok, una empresa local que se está haciendo un hueco en el intercambio de casas y pisos entre particulares o el desarrollo de Eatwith.

Si cambiamos de sector y nos trasladamos al ámbito financiero, es destacable el caso de Kantox, una empresa de Crowfunding nacida en Barcelona que ha sido capaz de movilizar 6,4 millones de Euros en inversión; o de Goteo, una de las plataformas de financiación colectiva más prestigiosas, junto a Verkami. En el ámbito de los espacios creados para fomentar lo colaborativo es remarcable que Barcelona acogió en 2013 el Coworking Space Conference y, más específicamente, el impulso de los FabLab en cada distrito de la ciudad. Asimismo, la capital catalana albergará este año el 10th International FAB LAB Conference, un punto de encuentro de los laboratorios repartidos por todo el mundo especializados en las aplicaciones y implicaciones de la tecnología a la economía colaborativa. Para cerrar esta retahíla de ejemplos, justamente, la Ciudad Condal acaba de ser premiada como Icapital de Europa en 2014.

A todas estas iniciativas de nueva generación debe sumársele una larga tradición de emprendeduría, de creatividad y de innovación empresarial que sitúan ya a Barcelona con una reconocida imagen de marca internacional asociada a todos esos valores. Sin embargo, no es la única. Ciudades como San Francisco, Nueva York, Amsterdam o Seúl, están ya liderando la emergencia de la economía colaborativa. Y por ello, parece razonable pensar que Barcelona podría y/o debería dar otro salto cualitativo, situándose como referente en el impulso de la economía colaborativa. Para ello, sería fundamental crear el Consejo de la Ciudad Colaborativa. Un espacio de encuentro entre representantes del sector público, de las empresas de economía colaborativa, de organizaciones independientes y de los usuarios. Su función de debería ser establecer las líneas estratégicas principales para crear las mejores sinergias entre todos ellos.

La economía colaborativa es ya una realidad, con impacto económico real demostrado, que tiene ante sí un gran potencial para mejorar en ámbitos como la cohesión social o la implicación de la ciudadanía en la construcción colectiva del proyecto urbano. Estamos convencidos de que Barcelona es un ámbito ideal, desde el Consejo de la Ciudad Colaborativa, para seguir innovando y converger todo ese potencial con el desarrollo de la ciudad colaborativa que ha sido, es y seguirá siendo.

Roger Sunyer & Albert Canigueral


*Imagen de portada de Alejandro Escario Méndez, con licencia Creative Commons BY-NC-2.0.